Julia creció marcada por la tragedia: su padre, enfermo mental; su madre, muerta demasiado pronto. Al heredar los bienes de su abuelo, la familia Shen la encierra en una vieja casona y la trata como a una prisionera. Para sobrevivir, Julia finge estar loca —y en silencio, trama su venganza.
Su objetivo: Mateo, el hombre más influyente de la ciudad. Julia teje una trampa con su propio cuerpo como anzuelo, y lo seduce paso a paso, hasta que un día Mateo la saca de esa casona. Lo que los Shen le negaron, él se lo da sin pedirle nada a cambio.
Cuando Julia por fin usa a Mateo para hundir a la familia Shen y se prepara para desaparecer de su vida, él la toma del brazo. Sus miradas se encuentran, y Julia ve en sus ojos algo que la sacude por dentro: una sonrisa tranquila, cargada de secretos.
—¿Desde cuándo sabías que te estaba usando?
Mateo la envuelve entre sus brazos y responde con calma, como quien guarda una verdad desde hace mucho tiempo:
—Desde muy, muy al principio. Julia, no tengas miedo. Puedes usarme toda la vida — y yo, encantado.