En su vida anterior, Lucía Cruz descubrió la noche de su parto que Javier Téllez, a quien había amado profundamente durante años, y su hermana legítima Alegría Cruz, que fingía preocuparse por ella, siempre la habían estado usando solo para exprimir hasta la última gota de su valor. Su fiel sirvienta Eva murió ante sus ojos, y Javier Téllez declaró que Lucía Cruz había muerto por suicidio. En el momento en que un sirviente le apretó una soga blanca al cuello, Lucía despertó por completo y juró que ni como fantasma dejaría en paz a ese gilipollas y a esa zorra. Cuando volvió a abrir los ojos, descubrió que había renacido.