Cegada por un amor ingenuo, Rhode, la hija de Poseidón, pagó un precio brutal cuando Etán, el hombre que adoraba, le disparó una flecha mortal. Al comprender la devastadora locura de haber sacrificado su estatus divino y soportado una maldición letal por un ingrato, recuperó su trono, dejándolo hundirse en una eternidad de remordimiento impotente.