Erin, condenada a muerte, despertó en un castillo embrujado. Su señor inmortal, Víctor, la obligó a un juego mortal donde morir allí era morir en la vida real. Para salir, debía seducir al monstruo y llevar su afecto de cero a cien. Entre flores carnívoras, un niño siniestro y reglas brutales, ella lo desafió y acabó enamorándose. Al llegar el juicio final, ¿renunció a volver a casa por él?