Alexander siempre vio a Hannah como la única luz de su vida. Se enamoró de ella, se casó con ella y le prometió darle el mundo. Pero cuando apareció la mujer que decía haberlo salvado, todo cambió. La esposa que tanto amaba pasó a ser la mujer a la que acusaba de fingir. Mentiras, humillaciones y favoritismos destruyeron a Hannah, que ya luchaba por sobrevivir. Antes de morir, eligió la eutanasia y donó sus retinas para que Alexander, ciego durante toda su vida, pudiera ver por fin. Cuando la verdad salió a la luz, él lo comprendió todo. Pero ya era demasiado tarde: justo cuando recuperó la luz, Hannah se había ido para siempre.