Nadie tiene que depender de otra persona para vivir, Adrián.
Elegiste a otra una y otra vez, y con tus propias manos destruiste mis sueños.
Pero gracias a eso, por fin rompí mis cadenas.
Voy a volar. Voy a florecer.
Voy a pintar mi vida con mis propios colores y vivir con toda la intensidad que me pertenece.
¿Y tú, Adrián?
Ahora que por fin he dejado de mirar atrás, ¿por qué lloras?