Durante cuatro años, Lorenzo creyó en todos menos en su propia esposa. La tercera vez que acusó a Lucía de serle infiel, ella no lloró ni intentó defenderse. Firmó los papeles y desapareció.
Tres años después, Lucía regresó completamente transformada. A su lado estaba un hombre al que ni siquiera los De Luca se atrevían a provocar.
Lorenzo quería saber dónde había estado. Lucía solo sonrió. Algunas verdades llegan demasiado tarde. Y hay deudas que jamás se olvidan.