Divorciada, sin un peso y sin poder volver a su forma felina, Celia acepta el trabajo más raro de la ciudad: hacer de madre del hijo del hombre más rico. El niño es un cachorro de león que se transforma cada vez que se asusta, sin poder controlarlo. El contrato es claro: matrimonio en papel, cuartos separados y más dinero al mes del que ganaba en un año.