Su familia ignoró su última llamada de auxilio y Mara murió creyendo que jamás la escucharían. Tres años después, convertida en segadora del Infierno, recibe a sus propios padres y a Adrián como sus últimas almas… pero ninguno la reconoce. Mientras siguen defendiendo a Celeste y culpando a Mara, el Espejo del Testimonio revela una verdad capaz de destruirlos. Cuando por fin descubren quién está detrás de la máscara y suplican perdón, ya es demasiado tarde: Mara ya encontró en el Infierno la familia que nunca tuvo en vida.