A los diecinueve años, Ana debe pedir permiso a su hermana Claudia para cada gasto, incluso para recibir atención médica. Mientras su familia consiente a Claudia, ella vive entre humillaciones y paredes cubiertas de moho. Cuando empieza a toser sangre, nadie cree en su sufrimiento. Un diagnóstico de cáncer terminal confirma que su tiempo se agota. Abandonada durante una excursión, Ana muere sola. Solo entonces sus padres y su hermano descubren las consecuencias de su indiferencia. Pero las lágrimas, las disculpas y los sueños de reparar el pasado llegan demasiado tarde: Ana ya no espera amor de quienes se lo negaron.