Florencia, la verdadera heredera de la Mansión del Duque Vicente, ha regresado. Todos saben que creció junto a un carnicero, y la consideran una muchacha vulgar e indigna. Todos esperan ansiosos verla hacer el ridículo, mientras que Jazmín, la hija adoptiva, no escatima esfuerzos para acabar con ella. Lo que jamás imaginaron es que la verdadera identidad de Florencia es nada menos que la Diosa Guerrera, la cultivadora más poderosa de todo los Nueve Reinos. Incluso el esclavo inútil que compró no es una persona cualquiera: ese esclavo resulta ser el Rey Divino, el Presagio, en el Dominio Divino, una existencia temida y venerada en todos los Nueve Reinos.