Tras conquistar tres campeonatos mundiales consecutivos, Adrián, el Dios del Automovilismo, fue traicionado por su hermano y perdió todo. Tras la muerte de su padre, abandonó las pistas y terminó trabajando como mecánico. Gracias al apoyo de Gloria, recuperó la confianza, volvió a competir y conquistó el Gran Premio Bashilik, recuperando el lugar que le pertenecía.