La heredera legítima de la mansión general, tras ser empujada al suicidio por su madrastra y hermanastra, muere al romperse la viga. Julieta atraviesa el tiempo y, al llegar, le rompe la muñeca a su hermanastra. Al enterarse, el emperador le ordena educar a su hijo, el libertino Enzo. Entre desafíos, convierte a su esposo en un fiel "perrito" y lo impulsa al trono, encendiendo entre ambos un amor en el fragor de la batalla.