Lucía tiene un don único: su cuerpo convierte la comida en energía vital para Benjamín, un CEO con una enfermedad terminal. Cuando él viaja al extranjero, su amiga de la infancia, Delfina, la acusa falsamente de corrupción y la obliga a comer pan duro. Al instante, Benjamín sufre una recaída y es trasladado de urgencia. Frente a todos, revela que su vida está ligada a la de Lucía. Delfina y sus cómplices son desenmascarados y castigados. Benjamín la asciende a directora ejecutiva y le construye su propio restaurante. Entre platos y peligros, el amor florece.