Siete días antes de mi boda, vi cómo mi hermana ocupaba poco a poco mi lugar y se convertía en la novia a los ojos de todos. Mi prometido la acompañaba a probarse el vestido, posar para las fotos y elegir las invitaciones. Hasta la organizadora de la boda daba por hecho que ella sería la futura señora Duarte. Y yo, la verdadera novia, fui desapareciendo de la vida de todos. Solo el día de la boda, cuando desaparecí sin dejar rastro, comprendieron que la verdadera novia jamás volvería.